Los sabores mediterráneos que marcan el verano en Honest Greens

Hay una forma muy concreta de saber que el verano ha llegado a Barcelona sin mirar el calendario: basta con observar qué se sirve en la mesa. Los guisos ceden el paso a los platos fríos, la fruta deja de ser postre para colarse en entrantes y bowls, y los aliños se vuelven más cítricos y herbáceos. Es una transición que la cocina mediterránea lleva siglos haciendo casi sin darse cuenta, y que esta temporada encuentra un buen ejemplo en el nuevo Summer Menu de Honest Greens, la cadena de restaurante saludable que ha hecho de los ingredientes de temporada su seña de identidad: una carta trabajada durante casi cuatro meses en cocina con una premisa clara, sabores más ligeros, más hierbas, más contraste.

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La fruta se sienta a la mesa (y no de postre)

Si hay una tendencia que define la gastronomía estival de los últimos años es el uso de la fruta en platos salados. La sandía con queso dejó de ser una rareza hace tiempo, y hoy el melocotón, la uva o la ciruela conviven con total naturalidad junto a hortalizas, cremas frías y vinagretas.

El Summer Menu lo ilustra bien: su ajoblanco —esa receta de raíz andaluza que resume como pocas la despensa mediterránea— vuelve acompañado de tomate, uvas y melocotón, coronado con avellanas y aceite de oliva virgen extra. En la misma línea, los melocotones de temporada con labneh se combinan con pomelo e hinojo bajo un aliño de limón y agave, y el Stracciatella Bowl reúne piña, melón, sandía, uva y ciruela junto a hinojo, quinoa y una vinagreta de frutos rojos. La fruta aquí no decora: estructura el plato, aporta acidez, dulzor y esa jugosidad que en pleno julio se agradece más que ninguna otra cosa.

Cítricos, hierbas frescas y el toque de la dukkah

Otro rasgo del recetario de verano es la ligereza de los aliños. Menos salsas densas, más limón encurtido, lima, hierbas frescas como la menta, el eneldo o el cilantro. Los Boniato Cakes de la carta son un ejemplo de manual: crujientes por fuera, aromáticos por dentro, servidos sobre labneh de limón encurtido con una mermelada de tomate y chili. Y en el Greek rice, la albahaca, la menta, el limón y la ralladura de lima refrescan una base de arroz integral y negro con aceituna verde.

Y luego está la dukkah, la mezcla egipcia de frutos secos, semillas y especias que se ha convertido en uno de los condimentos más presentes en la cocina mediterránea contemporánea. En este menú funciona casi como hilo conductor, con una versión distinta en cada plato: pistacho y sumac sobre los Boniato Cakes y el ceviche, avellana en el Stracciatella Bowl, macadamia con miso sobre los melocotones con labneh, almendra en el Street corn. Ingredientes distintos, texturas distintas, y ese punto crujiente y tostado que da contraste sin añadir pesadez. Es un buen síntoma de cómo el Mediterráneo oriental —labneh, sumac, dukkah— se ha integrado en la comida mediterránea que consumimos a diario.

El auge de lo plant-based, sin etiquetas

Buena parte de la carta estival es, de facto, comida vegetariana, aunque no se presente como tal. Es una evolución interesante: los platos vegetales ya no se conciben como alternativa, sino como propuesta principal, y lo vegetal no sustituye sabor, lo construye de otra manera. El propio ajoblanco se elabora este año sobre una base de leche de coco y anacardos; el ceviche plant-based reinterpreta la leche de tigre con pepino, choclo, palmito y fruta de verano; y los anacardos reaparecen en pestos y salsas por todo el menú, con opciones sin gluten para quienes las necesitan. La ensalada, en este contexto, deja de ser el plato aburrido de régimen: en un mismo bowl conviven zoodles de calabacín, radicchio, hinojo, fruta fresca, granada y pesto de anacardo.

Beber (y desayunar) también es de temporada

La estacionalidad no se limita al plato. Las kombuchas de Honest y los Summer Shakers ocupan el espacio que antes monopolizaban los refrescos: bebidas frías, con fermentados y fruta, que acompañan bien tanto una comida como una tarde de trabajo con el portátil. Y el café de especialidad, que muchos asocian solo al desayuno saludable o al brunch de fin de semana, gana en verano su versión fría, en espresso tonic o con hielo, como cierre de comida o pausa de media tarde.

Una carta que se puede llevar a cualquier parte

Parte del atractivo del formato es su flexibilidad: los mismos platos funcionan en sala, como comida para llevar hacia la playa o el parque, o como comida a domicilio en esas noches de agosto en las que encender los fogones no entra en los planes. En una ciudad que vive el verano en la calle, no es un detalle menor.

Al final, lo que propone este Summer Menu es algo bastante sencillo y muy mediterráneo: cocinar con lo que la temporada ofrece, aliñar con criterio y dejar que el producto hable. Fruta madura, hierbas frescas, aceite de oliva y un puñado de ideas traídas de otras orillas del mismo mar. El verano, en el plato, se explica solo.