Otranto: el templo del mosaico modernista escondido en el Passeig de Sant Joan

Una tienda única en Barcelona donde cada pieza guarda un siglo de historia

Hay lugares en Barcelona que no necesitan anunciarse. Basta asomarse a su escaparate para entender que dentro ocurre algo especial. Otranto, en Passeig de Sant Joan esquina con Córcega, es uno de esos lugares. Un espacio donde conviven puertas de 1885, baldosas hidráulicas del siglo XIX, fregaderas de mármol talladas a cincel, lámparas de globo, rejas forjadas sin soldadura y mosaicos que han sobrevivido a derribos, contenedores y al olvido colectivo de una ciudad que a veces no sabe lo que tiene.

Nuestra compañera Cristina Baigorri se coló en este rincón singular para hablar con su alma, Francisco Ortega, el hombre que durante 45 años ha recogido, restaurado y puesto en valor el patrimonio modernista y noucentista de Barcelona. El resultado es una conversación que es, a la vez, una lección de historia urbana y un homenaje a los oficios que construyeron la ciudad.

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Francisco Ortega: de Granada al corazón del mosaico barcelonés

La historia de Francisco Ortega tiene algo de novela. Llegó desde Granada buscando trabajo, como tantos otros. El azar —o la suerte, según él— lo llevó a caer en una fábrica de mosaico. Allí conoció a Julián Pineda, el director, que lo acogió y le enseñó un oficio que Francisco ni imaginaba que existía.

Desde ese primer día, ya no hubo vuelta atrás. Pasó por distintas etapas: la fábrica, una sala de familia, el trabajo de pulidor y colocador de suelos. Fue en ese período cuando un encargado llamado Jaime Bosch le dio el consejo que cambiaría su vida: “Todo lo que encuentres de piedras por la calle, cógela y llévatela.”

Mosaico hidráulico

Estamos hablando de hace 45 años. Mucho antes de que el mosaico hidráulico se pusiera de moda, de que los interioristas lo incluyeran en sus proyectos, de que los arquitectos llamaran a las puertas de Otranto buscando piezas para la Casa Batlló o la Pedrera. Francisco ya intuía que aquello valía oro.

La red de contactos que fue tejiendo lo dice todo: los hermanos Vinsón, el diseñador Pepe Cortés, el ilustrador y diseñador Mariscal. Con ellos empezó a construir un universo propio, recorriendo contenedores, rescatando mosaicos de derribos, llenando furgonetas con piezas que el resto del mundo estaba a punto de tirar.

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Qué es Otranto y qué puedes encontrar allí

Definir Otranto como una tienda de antigüedades sería quedarse muy corto. Como bien explica Francisco, es más parecido a un concesionario con su propio servicio técnico: puedes comprar una puerta modernista de 1885, y ellos mismos se encargan de la instalación, el pulido y la restauración.

Nuestra compañera Cristina Baigorri describe así lo que vio al entrar: puertas con vitrales emplomados, fregaderas de mármol talladas a mano, rejas forjadas sin una sola soldadura, baldosas hidráulicas, lámparas de globo, espejos, lavabos y una colección de mosaicos que convierte el local en algo a medio camino entre tienda y museo.

Reja 2

El catálogo de materiales que maneja Otranto abarca tres grandes familias:

Mosaico hidráulico — El más reconocible, el que puebla los pasillos de los pisos del Eixample. Se llama hidráulico por la prensa de ese tipo con que se fabricaba, combinando pigmentos, portland y arena. Una pieza prensada, sin cocción, que con 100 años de vida aguanta mejor que muchos materiales modernos.

Mosaico Nolla — Inventado por un ceramista valenciano, es prácticamente todo pigmento, con dibujos de una precisión y una belleza extraordinarias. Menos conocido que el hidráulico, pero igual de espectacular.

Mosaico romano — El más antiguo en su concepción, heredado directamente de los romanos. Hecho íntegramente de mármol, permite reproducir cualquier figura o dibujo con una libertad creativa casi sin límites.

El hallazgo de Terrassa y los 150.000 mosaicos que no están a la venta

Cuando Cristina le preguntó por lo más extraordinario que había encontrado en todos estos años, Francisco no dudó: unas alfombras de mosaico de Domènech i Montaner en Terrassa, rescatadas de un edificio que estaba a punto de ser derribado. “Auténticas joyas”, dice, y se le nota en la voz que no exagera.

Pero quizás el dato más sorprendente de la conversación fue otro: Otranto conserva una colección particular de aproximadamente 150.000 piezas de mosaico hidráulico que no están a la venta. Un archivo, un patrimonio, una memoria material de la Barcelona que fue.

“¿Que no están o que están?”, preguntó Cristina con buen humor. La respuesta fue clara: es la colección propia de Francisco. El resultado de décadas de rescate sistemático, de ir donde nadie iba, de ver valor donde otros veían escombro.

Un oficio hecho a mano en un mundo de producción en serie

Una de las ideas que recorre toda la conversación entre Cristina Baigorri y Francisco Ortega es el contraste entre cómo se fabricaban las cosas antes y cómo se fabrican ahora.

Cada puerta era única. Cada moldura se trabajaba de forma individual. Cada fregadera se tallaba de un bloque de mármol con cincel y martillo. Las rejas no se soldaban: se doblaban, se ensamblaban, se atornillaban. Era artesanía en el sentido más literal de la palabra: arte aplicado a objetos cotidianos.

“Una puerta se hacía una, una moldura se hacía otra, y después se hacía el ensamblaje”, explica Francisco. Ese proceso artesanal es precisamente lo que hace que estas piezas, con más de cien años de historia, sigan estando en mejor estado que materiales modernos producidos en cadena.

¿Se puede vender también en Otranto?

Sí. Y este es uno de los aspectos menos conocidos del local. Si tienes en casa piezas de mosaico, puertas antiguas, elementos de época que no sabes qué hacer con ellos, Otranto las valora, las tasa y, si son de interés, las rescata.

Francisco lo dice con claridad: “Si no quieres el hidráulico, vamos, lo recogemos.” Una segunda vida para piezas que de otro modo acabarían en un contenedor. El mismo ciclo que él lleva décadas interrumpiendo.

El futuro del mosaico: ¿volveremos a valorar lo que tenemos?

Hacia el final de la entrevista, Cristina le planteó a Francisco una pregunta con mucho fondo: si pudiera ver qué ocurre con todo esto dentro de 50 años, ¿qué le gustaría que pasara?

La respuesta fue directa: que volviéramos a poner en valor lo que es nuestro. Que dejáramos de sustituir el mosaico hidráulico por materiales genéricos y entendiéramos que lo que tenemos en los suelos de nuestros pisos no es un suelo viejo, es patrimonio.

Y Francisco es optimista. Ve cómo cada vez más gente joven se interesa, cómo los diseñadores buscan estas piezas, cómo en París el mosaico es sinónimo de distinción. “El mosaico es como un cuadro de Picasso”, dice. “Picasso no sabía lo famoso que iba a ser. Ni que se iba a cotizar lo que hacía. Pues el mosaico es exactamente igual.”

Tiene razón. Lo que hoy se rescata de un contenedor mañana puede ser la pieza más valiosa de una reforma. Y mientras otros tiran, Francisco Ortega lleva 45 años guardando.

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Visita Otranto

Si vives en Barcelona o la visitas, Otranto es una parada imprescindible. No hace falta que vayas a comprar: puedes entrar simplemente a mirar, a descubrir, a dejarte sorprender. La entrada es libre y cada rincón del local cuenta una historia diferente.

  • 📍 Passeig de Sant Joan, esquina con Córcega — Barcelona
  • WEB: otranto.es
  • 🛠️ Servicios: venta de piezas, instalación, pulido y restauración
  • ↔️ También compran y valoran piezas que quieras vender o ceder

Esta entrevista forma parte del podcast Salir por Barcelona, disponible en Spotify, YouTube, iVoox y Apple Podcast. Escríbenos a cristina@salirporbarcelona.com o visita salirporbarcelona.com