Villa del Arte: la galería que convirtió el Paseo de Gracia en un espacio de arte para todos

Hay lugares en Barcelona que no necesitan presentación, y el Paseo de Gracia es sin duda uno de ellos. Pero dentro de ese escaparate de lujo y arquitectura modernista, hay un espacio que desde hace más de 26 años desafía con elegancia la idea de que el arte es cosa de pocos. Se llama Villa del Arte, y está ubicado en la planta baja del Hotel Mandarín Oriental, en la esquina de Paseo de Gracia con Aragón, en uno de los metros cuadrados más cotizados de la ciudad.

Tuve la oportunidad de sentarme a hablar con Bert Van Zetten, gerente y copropietario de la galería, y lo que empezó como una entrevista sobre arte contemporáneo terminó siendo una conversación sobre pasión, riesgo, intuición y amor. Mucho amor, en realidad.

Villa del Arte: 26 años apostando por el arte accesible en Barcelona

La historia de Villa del Arte no empieza en el Paseo de Gracia. Empieza, como muchas buenas historias, con un experimento en un local pequeño del barrio Gótico. Bert Van Zetten, que por aquel entonces trabajaba en una inmobiliaria, decidió probar algo diferente junto a socios en ese primer espacio, casi como proyecto paralelo. El resultado le gustó tanto que tomó la decisión que cambiaría su vida profesional para siempre.

“En realidad Villa del Arte empezaba como una idea al lado, algo que hicimos en un local pequeño aquí en el Gótico, como un experimento”, recuerda. “Y nos ha gustado mucho. En ese momento trabajaba para una inmobiliaria y no me gustaba mucho, pero la galería funcionaba y me gustaba mucho más dedicarme a eso.”

Hoy, más de dos décadas después, Villa del Arte representa a unos 50 artistas, trabaja con coleccionistas de todo el mundo y exporta el 70% de su producción más allá de nuestras fronteras. Pero lo que no ha cambiado es la filosofía que lo puso en marcha: que el arte es para todo el mundo.

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Una galería con la puerta siempre abierta

Lo primero que llama la atención al entrar en Villa del Arte es exactamente eso: que la puerta está abierta. No hay que llamar, no hay que hacer una cita, no hay ningún vendedor esperándote al otro lado con una sonrisa calculada. Hay jazz de fondo, obra en las paredes y libertad para quedarte el tiempo que quieras.

“Siempre hemos intentado tener espacios que son diferentes, que son superlocaciones, y pretendemos hacer un espacio donde la gente, aunque no quiera comprar, pueda vivir un momento del arte contemporáneo”, explica Bert. “No abrimos solo para vendedores o compradores, porque sería muy aburrido. Aquí hay mucha gente que pasa y viene a coger su dosis de arte contemporáneo.”

Esta filosofía de puertas abiertas —literal y metafórica— contrasta con cierta tendencia del mundo galerístico actual que Bert no se cansa de criticar: la moda de no poner información junto a las obras.

“Ahora es muy la moda en galerías de no poner nada al lado, entonces no tienes información al lado del cuadro, que es muy fashion hacer eso y a mí no me gusta”, dice con franqueza. “Es más duro para el cliente que quiere preguntar algo y quiere saber algo. No entiendo por qué es así.”

En Villa del Arte, cualquiera es bienvenido: desde el coleccionista veterano hasta el joven curioso que entra por primera vez a una galería de arte. “Si vienes sin dinero también eres bienvenido. Tenemos muchos fans, de gente joven hasta abuelitos, que vienen y les gusta mucho ver las exposiciones.”

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Cómo se construye una colección: intuición, viajes y buen rollo

Con más de 250 ferias internacionales a sus espaldas —de Hong Kong a Taiwán, pasando por Indonesia o Estambul— Bert Van Zetten ha desarrollado un olfato especial para descubrir artistas. Pero reconoce que el sistema de las ferias le acabó agotando.

“Antes de abrir aquí en Paseo de Gracia, he hecho 250 ferias. Y tengo un gran fatigue”, confiesa entre risas. “Con la pandemia ya no podía ir a más ferias. Me convertía en sales. Fue más logística y es muy nómada. Son muchos momentos muy cortos, donde no haces exposiciones. No puedes experimentar porque tienes cuatro días, hay que llevar las mejores piezas y hay que vender.”

Ahora, el proceso de selección de artistas en Villa del Arte es más orgánico y más honesto. La galería tiene un correo abierto para que cualquier artista envíe su dossier, y Bert revisa todo. Pero más allá de la calidad técnica, hay un criterio que para él es innegociable: las personas.

“Para mí es muy importante, con los artistas que representamos, que haya una amistad, también calidad, que entre a la colección, pero también que sean buena gente. Es muy importante que haya buen rollo, porque el mundo del arte da muchas vueltas y es muy importante tener confianza.”

Esa relación de confianza ha llevado a que muchos de los artistas que representa la galería trabajen con ellos en exclusiva, no por contrato, sino porque así ha surgido naturalmente. “Nosotros más a gusto y el artista también”, resume Bert.

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El mercado del arte en Barcelona: desafíos, IVA y competencia europea

La conversación con Bert no esquivó los temas más espinosos del sector. El mercado del arte en España tiene una asignatura pendiente que él señala con datos concretos: el IVA aplicado a la compraventa de obras de arte es del 21%, frente al 5,5% de Francia o Italia.

“Si ves que Francia ha bajado a 5,5 e Italia tiene 5,5, nosotros seguimos con 21. Dentro de la Unión Europea, es súper malo. Esto solo hace que haya una competencia incorrecta”, advierte. “Un artista representado por una galería italiana y también por una española: para un cliente privado, va a comprar a la galería de Italia porque paga menos impuestos.”

Esta desventaja competitiva afecta no solo a Villa del Arte, sino a todo el tejido galerístico español. Y Bert no duda en reclamarlo: “Todas las galerías en general se están quejando de eso. Y yo pienso que es una posibilidad aquí para España y para Cataluña de bajar este porcentaje para que un sector que ya no lo tiene tan fácil tenga por lo menos el mismo nivel.”

A esto se suma la transformación global del mercado: la crisis económica en Alemania —históricamente uno de los mercados compradores más sólidos de Europa—, los aranceles de la administración Trump que afectan al mercado americano, o el propio cansancio generalizado hacia el modelo de feria.

Barcelona como escenario: del barrio Gótico al Paseo de Gracia

A pesar de todo, Barcelona sigue siendo para Bert el escenario perfecto. Recuerda con nostalgia la efervescencia galerística que tuvo la ciudad en los años 90, cuando la calle Consell de Cent y la calle Petritxol eran auténticos corredores del arte. Hoy el panorama es diferente, pero la ciudad mantiene su atractivo internacional.

“Ahora noto que el Paseo de Gracia al ponerse peatonal ya ha tomado mucha vida y eso es un respiro para las galerías, para mí. Me gusta mucho esta calle”, dice Bert. Y no es poca cosa viniendo de alguien que, cuando decidió abrir aquí, fue recibido con escepticismo por más de uno.

El arte como enamoramiento: por qué la gente compra una obra

Una de las preguntas que más me interesaba hacerle a Bert era esta: ¿qué mueve a alguien a comprar una obra de arte? La respuesta fue tan directa como reveladora.

“Busca sobre todo… Es un resultado de amor. Se enamoran”, afirma sin dudar. “Yo pienso que sí. La gente no compra… Bueno, también hay un porcentaje de gente que invierte en grandes firmas y lo compran en Sotheby’s o en Christie’s sin colgar nunca el cuadro. Pero, en general, la gente se enamora.”

Y ese enamoramiento, añade, es casi irreversible. En 26 años de galería, las pocas veces que alguien le ha pedido revender una pieza, el motivo casi nunca ha sido el aburrimiento o el desinterés. “Muy pocas veces recibo la petición de vender una pieza porque están cansados. La reventa se pide porque hay un cambio de vida: un divorcio, alguien se murió.” El que se enamora de una obra, en definitiva, se la lleva de mudanza en mudanza.

Esta lógica emocional del arte conecta directamente con algo que me dijo Bert sobre uno de sus proyectos más recientes: una colaboración para amueblar artísticamente un palacio de Mallorca que salió al mercado por 30 millones de euros.

“La casa se vende por X millones y nosotros hemos puesto X millones de alma dentro de la casa”, explica. Y cuando le señalé que acababa de definir el arte como el alma de un espacio, sonrió: “Es algo muy individual. Es como tantos y tantos gustos, evidentemente, que es muy personal.”

Arte e interiorismo: cómo conviven una obra y un espacio

Para los lectores de Salir Por Barcelona que se mueven en el mundo del diseño de interiores, esta es quizás la pregunta más práctica: ¿cómo se integra una pieza de arte en un espacio ya diseñado?

La respuesta de Bert es interesante porque no viene de un interiorista, sino de alguien que lleva décadas observando cómo la gente vive con el arte.

“Pienso que igual cambian más de interior que de cuadros. En general, yo digo que la gente se queda con las obras.” La pieza de arte, en su experiencia, tiende a sobrevivir a las reformas, a los cambios de estilo, a las modas. Lo que muta es el escenario; lo que permanece es la obra.

Yo misma lo he visto en casa de mis padres: piezas que se guardaban temporalmente y volvían a aparecer en la pared cuando el espacio lo pedía. Un fondo de armario de clásicos que nunca dejan de tener sentido. Le conté esto a Bert y se rio: “Lo tengo en mi casa también.”

Bert Van Zetten: el holandés loco que se quedó con Barcelona

Hay algo que me gusta especialmente de la historia de Bert: el hecho de que cuando decidió abrir una galería en el corazón del Paseo de Gracia, más de uno le dijo que estaba loco.

“Había mucha gente que decía: este es un fracaso, no puede funcionar”, recuerda. “El holandés loco, el holandés botch.” Y sin embargo, hoy esa apuesta temeraria está a punto de cumplir 27 años.

Si pudiera hablarle al Bert que empezó todo esto, ¿qué le diría? “Hago menos filigranas. Paro antes de las filigranas y salto más.” Y añade algo que resume perfectamente su filosofía vital: “El riesgo es importante.”

Esa disposición al riesgo es la que ahora le lleva a abrir una nueva sede en Estambul —ciudad con la que lleva 14 años trabajando y donde ya tiene galería en Bodrum— y la que le ha permitido construir, desde la pasión y la constancia, algo que va mucho más allá de una galería de arte.

La fórmula, según él, siempre ha sido la misma: “Una combinación entre colección, conexión y localización. Eso es un poco las tres patas de Villa del Arte.”

Barcelona, ciudad vivible

Antes de despedirnos, le pregunté qué le había dado Barcelona a él, que viene de Holanda y ha elegido esta ciudad como hogar. La respuesta fue sencilla y auténtica.

“Para un holandés, Barcelona es una ciudad muy vivible. Me muevo en bicicleta, como un buen holandés. Vivo cinco minutos de la playa. Muchas veces, antes de ir a la galería, voy al mar a nadar un poco.” Y los barceloneses, añadió con una sonrisa, “facilísimos todos.”

No le pude llevar la contraria.

Villa del Arte se encuentra en el Paseo de Gracia, esquina con calle Aragón, en la planta baja del Hotel Mandarín Oriental de Barcelona. La galería está abierta al público de lunes a sábado, de 10h a 23h. La entrada es libre.